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domingo, 8 de abril de 2012

EL CHULEC QUE YO CONOCÍ



HOSPITAL DE CHULEC, allá por los 60’s
(foto de César Alvarez Ruiz)

DE CÓMO Y POR QUÉ LLEGUÉ A CHULEC
Estos días de serranas lluvias tormentosas invitan a recordar, y que mejor circunstancia para hacerlo que rememorar cómo llegué a una de las ciudades más queridas, para mí, La Oroya manta pacha. A mi memoria acuden un tanto escapantes los recuerdos de esa profunda senda que me lleva al pretérito año de 1 968 cuando acudí presuroso a la cita con mi destino en esa ciudad querida localizada sobre los 3 750 msnm.
Hoy aquel mundo retórico de 1 968 donde todo era felicidad, no está más pero quedan personas, sitios, visiones y sabores burilados en mi memoria siempre esquiva, y antes de que se bloqueen esas conexiones neuronales, quiero ponerlos en blanco y negro en este virtual sitio y gracias a la invitación amable de Aquiles, para que por lo menos tengan un mayor tiempo de vigencia,… aunque mi afán último es compartirlos con aquellos mis viejos amigos de Chulec -viejos en el mejor sentido de la palabra, claro-
El año de 1 968, visto desde este lejano tiempo de 2 012, fue un Gran Año, uno de aquellos años prodigiosos en que el hombre, o mejor dicho la humanidad, se abría camino para cambiar sus viejas estructuras, veamos:
1 968 fue el año en que las juventudes europeas inician movimientos sociales -que recién darían frutos en los 90’s- con las primaveras de Praga y París para encender la mecha del cambio, aunque para entonces no éramos conscientes de eso, la juventud y el existencialismo promovían al hombre como hombre y no como instrumento social, usable y desechable, en una sociedad agotada por decir lo menos, iniciando así el rompimiento de las viejas estructuras y decretando que el mundo debía cambiar. Aquí en el otro lado del “charco” el imperio atizaba “su” Vietnam, sin prever que esos pequeños, tuneleros y malnutridos asiáticos le ganarían la guerra y en nuestro Perú asomaban los militares con prometedores cambios, me cuesta llamarlos cambios, pues los golpes de estado eran entonces moneda corriente. Quizá a la vera de todo esto, nos sentíamos la primera generación que se presentía “libre”, primera generación a la que ya no le contarían más los viejos cuentos de siempre para explicar nuestra presencia en esta hoy, tan venida a menos Tierra.
Bueno para seguir en el tema, coincidentemente con estos cambios, cinco “pichones” de médico, terminábamos los estudios escolares de medicina y nos llega el tiempo de hacer el Internado, así que confabulamos: por qué no hacerlo en el afamado Hospital General de Chulec de la Cerro de Pasco, total para nuestro pensamiento izquierdoso de entonces, esa era una empresa muestra del imperio en nuestra propia tierra (quién en su juventud no ha sido “revolucionario”?) además era lugar común escuchar que allí en las minas, la empresa maltrataba y hasta “mataba” a sus trabajadores. Entonces qué mejor circunstancia para comprobarlo.
Es así que a las 6 de la madrugada del 2 de mayo de ese año nos trepamos al tren de la Empresa en la estación de Desamparados de Lima y con el maravilloso marco del ascenso a nuestras sierras, puentes ferroviarios fabulosos: Puente Verrugas, Puente del Infiernillo, y luego de cruzar innumerables túneles y de alcanzar el punto más alto del mundo para un FFCC, Ticlio 4 480 msnm -entonces el tren cruzaba dicho punto- tocamos la tierra de La Oroya a las 2 o’clock de la tarde, tren inglés hora inglesa… nos dirían después.
Era La Oroya una cuidad de una sola calle muy larga, quizá 5 ó 6 km, asentada a la vera de los ríos Yauli y Mantaro cuya característica resaltante era su color rojizo obscuro. Su cielo era claro, típico de un día serrano despejado, aunque al fondo una enorme chimenea exhibía su propia nube, días después nos enteramos de qué era esa nube y de que allí, las chimeneas tenían su nube propia. El picor típico de la Oroya hería nuestras mucosas, agravado por una cierta incomodidad respiratoria. Era una tarde serrana, clara sin nubes y sin pájaros en el cielo, el sur de la ciudad lucía un tanto “nublado” por decir lo menos. La Oroya, estaba en realidad dividida en dos zonas bien delimitadas, una, La Oroya Antigua, antigua aldea de campesinos que en sus buenos tiempos fueron pastores, ahora muy venida a menos, la otra La Oroya Nueva, mejor diseñada y conformada por los “campamentos” de los mineros peruanos de la C de P, la mayor parte de estas construcciones eran cubículos de 4 x 4 m., y otros bloques de 2 ó 3 pisos, ambos edificados a la vera de una larga carretera y del profundo río Mantaro que, como decía, lucía extrañamente para nosotros, fuereños, un color rojizo.
Averiguando llegamos y nos presentamos en el Centro Médico Externo de la Empresa. Muy solicito el señor Oscar Alania nos recibe y nos presenta al administrador el señor Irineo Toykin quien ordena que, en una moderna camioneta, nos trasladen al Hospital, ubicado 5 k más hacia el oriente.
Aquí otra sorpresa, Chulec lugar donde se asentaba el Hospital, nuestra meta y que por los próximos 12 meses sería nuestro hábitat natural era, un casi perfecto y aséptico suburbio americano enclavado a la vera izquierda del Mantaro, suburbio de los que sólo conocíamos por el cine. Nos llamó la atención que Chulec fuese una ciudad amurallada por el rio Mantaro a la que sólo se accedía por un único puente con rejas de fierro muy sólidas custodiadas por vigilantes de Protección Interna de la Empresa, tal una ciudad medieval.
Eran, las curiosas casas de Chulec, de arquitectura americana inspirada en el estilo arquitectónico colonial temprano de ese país, una verdadera sorpresa que después asimilaríamos.
El Hospital en sí, unos 1 000 m2, parecía haber sido en algún momento temprano de los años 20 ó 30’ un recinto amurallado -quizá vivienda de la alta gerencia de la empresa o un depósito de cosas valiosas en tiempos convulsos- sus gruesas paredes de tapia y ladrillo más las defensivas esquineras torretas, así lo atestiguaban. Claro que la parte de su nuevo ingreso lucía modernidad con un segundo piso de concreto y ladrillo donde, después veríamos, era la residencia del Director, de los médicos Residentes del Hospital y en su parte posterior, residencia de las enfermeras de mayor categoría, lo que incluía a la Srta. Teresa Vallejos, a la sazón Jefa de Enfermeras. Todos los trabajadores lucían uniforme de acuerdo a su categoría y los médicos y enfermeras de riguroso e impecable uniforme blanco y ellas con serias tocas que hoy no se ven más por otros lares. La tranquilidad, el orden, la limpieza eran impactantes, casi agresivos. Así iniciábamos nuestro internado y la recóndita tarea de “conocer al monstruo por dentro”.
Nuestro primer contacto fue con la enfermera de turno en Emergencia, Elna Mars, muy guapa por cierto, quien nos condujo al señor Josué León y éste a su vez al Sr. Administrador, el Doctor Enrique Olivares García, cuya oficina estaba en el pasadizo que conducía a la “Clínica”, lugar exclusivo para hospitalización de Gringos, mayormente americanos e ingleses.
Luego fuimos conducidos a las “habitaciones de los internos” ubicadas en el segundo piso del edificio antiguo circundando al Comedor y que, por 12 meses y más, serían nuestras habitaciones, como éramos 5 interno, uno llegaría luego, las escogimos por afinidad para los 3 dormitorios asignados: Oswaldo Amaya y yo en el que daba a la bella ciudadela sacha americana, Carlos Campana y Manuel Chan en el dormitorio interior de esa ala. Al frente a la izquierda de la entrada del Comedor, J.J. Calderón que espera la llegada del interno 6. El otro dormitorio estaba asignado al Jefe de enfermeras del “Patio 2” (Estación de Enfermeras número 2), señor Marco Portocarrero, “señor Porto”, para los amigos.
Luego de un corto recorrido, de las presentaciones formales y de los primeros consejos para laborar en una empresa de talante americano, tan ajena a nuestro quehacer latino, vendría la asignación de lugares de trabajo, así como lo leen, cansados y medio asorochados, asumíamos las funciones de internos del Hospital de General Chulec, tal nuestra “aterrada” visión del trabajo que nos esperaba.
Esta, mis amigos, fue la forma de cómo llegamos a ser parte de esa gran familia del Hospital de Chulec y de la C de P C C, incorporated in Delaware, tal como se le conocía a la Empresa y que luego devendría en CENTROMIN PERÚ, Juan Velasco Alvarado dixit.
Por supuesto que durante mis 27 años de trabajo en la Oroya, acaecieron muchas más vivencias, conoceres, y emociones fuertes, mas esas, mis amigos os los desgranaré en las posibles partes siguientes de esta historia, Aquiles mediante.
Agur amigos míos.
AUGUSTO V RAMIREZ, MD. OH
Cajamarca febrero 2 012
Casa en los EEUU, estilo arquitectónico colonial temprano. Aún pueden verse muchas casas como esta en el interior de los EEUU. Abajo nótese la similitud con las casas de Chulec

Esta casa también es americana y si ustedes conocieron Bellavista o Yauliyacu en lo que fue Casapalca de la Cerro de Pasco y CENTROMIN, comparen!!!







miércoles, 27 de julio de 2011

EL INTERNADO DE MEDICINA EN CHULEC EN 1961

1961, Internos de Medicina en el Frontis del Hospital de Chulec: Augusto Chavez Condemarin (sentado), Juan Garro, César Alvarez Ruiz, Luis Pereda y Eduardo Gonzales. El que tomó la foto fué Pedro Che León.

Interno César Alvarez Ruiz 1961, pronunciando un discurso, al lado doctor César Lopez

Interno Luis Pereda, Pediatra doctor César Lopez y César Alvarez Ruiz recibiendo su diploma




DESDE PENNSYLVANIA EL DOCTOR CESAR ALVAREZ RUIZ RECUERDA EL INTERNADO DE MEDICINA EN CHULEC EN 1961
El primero de abril de 1961, 6 estudiantes de medicina de la Facultad de San Fernando, Universidad de San Marcos, iniciaron el internado en el Hospital General de Chulec, La Oroya.
Uno de aquellos fui yo. Tenemos muchos recuerdos de ese internado; ellos inundan nuestra mente y golpean nuestros corazones frecuentemente. A primera vista mirando las fotografías del presente Chulec me parece que ha cambiado mucho. Esto no es cierto, con un examen más detenido veo que los colores y la arquitectura son diferentes pero la tradición es la misma y los rasgos físicos, con su gigantesco cerro detrás del Hospital y el río Mantaro, siguen allí.
En el sexto año de medicina los estudiantes tratan de conseguir un internado en un hospital de calidad con buena educación y un salario adecuado. Teníamos muy buenas referencias del Hospital de Chulec, especialmente por la calidad de la educación y por la investigación científica relacionada al efecto de la altura en el organismo humano. Nunca había viajado a la sierra, nunca conocí sus montañas, pero basado en la lectura de prestigiosos autores peruanos que narraban con belleza el Ande peruano, mi admiración comenzó allí. El Hospital de Chulec era el sitio ideal para mí. Una entrevista con el doctor Lundburg, médico director, fue exitosa. El hospital mismo y su gente me impresionaron mucho. Ansiosos esperábamos la respuesta que no tardó en llegar. Seis estudiantes recibieron cartas de aceptación. Ellos fueron Augusto Chávez, Pedro Che León, Juan Garro, Eduardo Gonzales, Luis Pereda y yo.



Los 6 internos de Chulec 1961, con el cirujano Dr. Víctor Maccagno. De izquierda a derecha: Gonzales, Che León, Alvarez Ruiz, Chavez, Pereda y Garro. A la derecha casi saliendose del cuadro está el Dr. Alzamora, gineco-obstetra



En Chulec aprendimos a perfeccionar nuestras responsabilidades, aprendimos a ser muy humanos con nuestros pacientes escuchando sus dolores y sus penas. Los mejores maestros fueron los pacientes mismos y los médicos. Aprendimos a cumplir con la “Hora Americana”, dejando a un lado la “Hora Peruana”. El doctor Hellriegel era el encargado de hacer cumplir esa doctrina; sus experiencias en la segunda guerra mundial le daban una autoridad suprema.
En Chulec aprendí a comer perros calientes y hamburguesas, ir a la cama temprano para levantarse temprano y estar en el trabajo a las 8 en punto. Aprendí el significado de los feriados y muchas costumbres Americanas. En ese año se cristalizaron mis sueños de viajar a los EE UU.
El hospital tenía un grupo de médicos y cirujanos muy competentes, algunos de renombre internacional. Todos ellos sin excepción se esforzaban por enseñar y garantizar nuestro aprendizaje. No olvidamos nunca la excelencia quirúrgica de los cirujanos Hellriegel y Maccagno o de la maestría clínica de los médicos Lundburg y Barrientos. Y nadie olvida la sabiduría de los pediatras César López y Enrique Olivares. Y los demás no se quedaron atrás, siempre ayudaron. Un equipo de enfermeras brillantes trabajaba en el hospital; su habilidad para ayudar a los pacientes era superior, su cooperación con médicos e internos fue impecable. Yo pensaba que allí teníamos lo mejor de lo mejor.
Los momentos más duros fueron al final, en el mes de marzo. Era el momento de la partida. El tiempo pasó muy rápido, me parecía. Solamente había una posibilidad: hacer nuestras maletas y viajar de regreso a nuestros hogares. Los nuevos internos esperaban ansiosos para entrar en el hospital y comenzar su internado. Y dejamos Chulec para siempre.
De los 6 internos, 3 viajamos a EE UU y nos radicamos allá de por vida, Juan Garro en Washington DC, Eduardo Gonzales en New Jersey y yo en Pennsylvania.
Cesar Alvarez Ruiz MD, julio 2011






COMENTARIO
El Hospital de Chulec de La Oroya Perú, desde 1921 ha tenido el honor de tener en su seno a cientos de médicos de los más destacados del Perú. Ha sido el hospital referencial del centro del Perú bajo tres administraciones: hasta 1974 bajo la Cerro de Pasco Corporation de los Estados Unidos, desde 1974 hasta 1997 con la empresa estatal peruana Centromin Perú y desde octubre de 1997 con la americana Doe Run Perú.
Siempre ligado a la metalurgia y la minería, siempre privado y al servicio de los trabajadores y sus familias de La Oroya y la región central del Perú llegando a tener 250 camas, atender a más de 120,000 personas y con 8 hospitales periféricos. Sin embargo los cambios políticos y las decisiones administrativas han ido disminuyendo progresivamente su capacidad de atención y en los últimos tres años ante la posibilidad de su extinción es que ha salido a la luz el presente blog que es como una añoranza a los años pasados, un recuerdo de los que hemos pasado por esta gran escuela médica de enseñanza y de servicio médico, donde los que hemos trabajado, como 30 años, hemos dejado siempre huella y donde Chulec ha dejado también huella en nuestros corazones por el sistema tan disciplinado de trabajo que siempre ha tenido y la afectividad que ha creado entre quienes hemos compartido en el trabajo.
Como centro de enseñanza ha tenido siempre entre sus internos a los más brillantes estudiantes de Medicina de Lima, quienes escogían a Chulec como uno de los mejores hospitales para culminar su formación por la calidad del hospital y de sus médicos docentes.
Así este blog ha logrado ser una fuente de expresión no solo de los aspectos médicos con los que ha contribuido el Hospital de Chulec al conocimiento de la Medicina de la Altura, sino también ha permitido que médicos como el Dr. César Alvarez Ruiz desde los Estados Unidos de América se vincule con nosotros y pueda hacernos conocer en varias entregas -esta es la primera-, sus experiencias como interno de medicina en el Hospital de Chulec en 1961. ¡ Hace 50 años !... Gracias César. Estamos muy honrados y agradecidos con tus aportes por enriquecer este medio de expresión y por las fotos tan maravillosas que emocionarán a nuestros lectores y que creemos servirán para que otros ex médicos e internos de medicina sigan tu ejemplo.
Aquiles Monroy MD

viernes, 3 de junio de 2011

FOTOS DEL RECUERDO (1)

2010, 26 abril. Augusto Ramírez, Enrique Olivares, Aquiles Monroy en Cajamarca
Kurt Hellriegel, Director en los 60 y 70 en Hospital de Chulec



2008. En fila superior: Jorge Calderón, Raul Rodríguez, Jorge Capcha, Jesús Cipriano, Hegel Salazar, Hugo Cermeño; Felix Lavado. En fila inferior: Blanca Guerrero, Cármen Parra, Aquiles Monroy (director), Juana Palacios, Gloria Solsol, Hilda Correa, Moisés Navarro






1999: José Gago, Aquiles Monroy, Roberto Ramos, Raul Noli, Miguel Seminario (director), Gloria Solsol, Moisés Uehara, Jorge Calderón, Fernando Callirgos, Gonzalo Silva, Fernando Acosta

1995. En evento científico. Jorge Medina (1 de izq a derecha), Miguel Seminario, director (3), Fernando Acosta (8)

1985: Médicos Residentes con Dr. Emilio Marticorena(4) y Nelson Vidal (5)

1994 Aquiles Monroy, Jorge Calderón, Roberto Ramos en exposición

1983 Cristina Zúniga, Luis Chavez, Ricardo Corcuera, Aquiles Monroy, Guillermo Chavez




Jaime Mora (Pediatra), con Augusto Ramírez (Médico Ocupacional)




La Reunión de Confraternidad del 2 de abril ha removido los sentimientos afectivos a nuestra casa matriz el Hospital de Chulec de La Oroya.
En esta oportunidad publicamos algunas fotos grupales del recuerdo, a pedido de varios lectores. Invitamos a nuestros lectores enviarnos fotos digitales recordatorias a:










Aquiles Monroy









sábado, 5 de marzo de 2011

2 ABRIL 2011 REUNION DE MEDICOS DE CHULEC







Vista Panorámica de Chulec 2004 (3730 m) desde las alturas de Mayupampa. El Hospital de Chulec en la parte media izquierda como luce hoy





Chulec en la década de 1970 (Archivo de Augusto Ramírez)



Chulec 1947 (Archivo de Augusto Ramírez)



Chulec 1930, el Hospital de Chulec es la formación de casas superior


Hospital de Chulec 1983




Hospital de Chulec 2010




PRIMER ALMUERZO DE CAMARADERIA DEL HOSPITAL DE CHULEC



2 DE ABRIL DEL 2011



A pesar que el autor de este blog no pudo asistir por razones de fuerza mayor. estamos muy contentos que la Reunión de Camaradería de los Médicos del Hospital de Chulec de La Oroya, se haya llevado a cabo con gran éxito.



La organización ha sido gracias a los doctores: Germán Benito y Gonzalo Silva y en la reunión hubieron palabras muy sentidas del Dr. Francisco Kruger, patriarca de la Cirugía de Altura en el Perú. Dichas palabras que forman parte de la historia del Hospital, las adjuntaremos apenas las tengamos a la mano.




Como corolario ha quedado que en el mes de octubre 2011 se ralizará una segunda reunión habiéndose formado ya una Comisión.




Para deleite de nuestros lectores de La Oroya adjuntamos un video resumen de dicha reunión.




En Primer Plano Dr. Francisco Kruger



Aquiles Monroy